Vía Pressenza

En el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Santiago de Chile, tuvo lugar una conversación organizada por el Centro de Estudios Epogé, entre el Diputado humanista del Frente Amplio, Tomás Hirsch, la Vicerrectora de Educación de la Universidad Diego Portales, Paula Louzano, y el Presidente de la Asociación de Profesores Borlange Suecia, Tyko Persson, para analizar el fenómeno que se ha producido en las últimas décadas, donde poco a poco los partidos de ultra derecha se han abierto un considerable espacio en los parlamentos y gobiernos.

En la ocasión, Paula Louzano señaló que “la ultra derecha emerge con fuerza en Brasil como una respuesta ante el movimiento del 2013 conocido como Pase Libre, que protestaba en las calles de Sao Paulo contra el alza del precio del transporte público. En ese entonces el alcalde de la ciudad era Fernando Haddad, quien concurriera a las elecciones presidenciales en representación del PT y contra Bolsonaro en la segunda vuelta. Es en el 2013 cuando se empiezan a formar los movimientos anti-partidos y ahí también estaba presente una derecha que se radicaliza y se apropia de los métodos de las protestas sociales, como las asambleas horizontales, las marchas, manifestaciones callejeras e impulsa su agenda aprovechando la crisis. La violencia urbana, la corrupción y la disminución del empleo en Brasil, son el terreno fértil donde se desarrolla la victimización de los pobres, el discurso anti-inclusión, la radicalización en contra de la ideología de género, etc. No son dos o tres locos, llegan a constituir la mayor fuerza juvenil de Brasil.”

“Ante ese escenario”, continuó Louzano, “la derecha civilizada desapareció del mapa político y se extremaron las posturas. Ello se da en un momento en el que se desestructuran las instituciones y desacredita la democracia, abriendo el campo a las formas autoritarias y las amenazas a los derechos humanos, como lo estamos viendo ya en los primeros días del gobierno de Bolsonaro”.

Por su parte Tyko Persson describió la situación que se vive en Suecia, país que hace tres meses está perplejo e ingobernable, con una crisis de credibilidad. “La extrema derecha avanza en base al descontento y la ignorancia política que se ha extendido considerablemente. El rechazo a los políticos, la calidad de vida que ha ido disminuyendo y se culpa de ello a los inmigrantes, a los movimientos por los derechos de los homosexuales y de las minorías. La gente que vota por la extrema derecha lo hace como una forma de oposición a los partidos políticos. La ira se cultiva diariamente, el odio entre las personas no es la base que permite desarrollar la democracia”.

“En Suecia”, señaló el profesor, “estamos en el mismo clima mental y las condiciones previas a las guerras mundiales del siglo pasado. La situación se repite. Hoy un quinto de la población vota por las fuerzas que se oponen a la democracia. No ha habido preparación ideológica ni educación política para las nuevas generaciones y la actitud de prescindencia ideológica favorece el desarrollo de las derechas. Crece el individualismo y no hay discusión ni reflexión sobre temas globales, que nos incumban a todos. Los intereses se parcializan y se atiende solamente a los detalles. Tampoco los partidos dan espacio en sus orgánicas a los jóvenes y se mantiene la misma élite instalada desde hace tiempo, sin ideologías claras sino solo pragmatismo. Desde septiembre estamos sin gobierno, con funcionarios que ejercen provisoriamente, en crisis”.

El diputado humanista del Frente Amplio, Tomás Hirsch, sostuvo que “la situación de crisis de las democracias es la que ha abonado el terreno para el avance de las ultra derechas a nivel mundial. El único caso diferente, esperanzador, es el de México…. a no ser que se trate de un proceso algo retardado respecto al que se da en el resto del planeta. La tendencia mundial es que estas democracias profundamente imperfectas se estén yendo hacia la ultra derecha. En Filipinas, por ejemplo, el Presidente llama a matar y ya ha aniquilado a 5.000; en Israel es el gobierno quien impide el diálogo con Palestina. En otros lugares, como en Chile, Argentina o Colombia, tenemos unas derechas más tradicionales”.

“Esto está sucediendo por la falsedad de la democracia. Cuando alguien hace promesas en campaña, gana votos, es elegido, pero luego no cumple con lo prometido y en vez representa a los grandes poderes financieros, traiciona a quienes lo eligieron. Las sociales democracias traicionaron sus principios y terminaron sucumbiendo ante la instalación y profundización del neoliberalismo. En Chile, los gobiernos de la Concertación y luego de la Nueva Mayoría terminaron de privatizarlo todo, Lagos profundizó el modelo neoliberal. La ciudadanía se sintió traicionada y tomó distancia. En todos nuestros países la élite gobierna igual y no se ha reflexionado sobre esto. La socialdemocracia debe reflexionar sobre sí misma y comprender por qué perdió el rumbo. La gente está bastante consciente y se manifiesta en las calles de todo el mundo. Hay una crisis generalizada de las instituciones. En Chile, los militares además de asesinos, son corruptos. Los carabineros son ladrones. Las empresas se coluden. La iglesia es pedófila. Los políticos, corruptos. El sistema está en una crisis profunda y crece la desafección que se refleja en la abstención electoral. Una enorme mayoría no va a votar porque siente que su voto no cambia nada”.

“La derecha roba”, continuó Hirsch, “pero la izquierda latinoamericana también ha sucumbido ante el dinero. Y la gente experimenta que algo no coincide entre lo que se dice y lo que realmente sucede. Este modelo económico, político y social ha generado un abandono y una rabia, un hartazgo que está creciendo y que se descarga en quienes se suponen son los enemigos: inmigrantes, comunidad LGBT, los marxistas que ataca Bolsonaro, etc. y favorece el crecimiento de una ultraderecha, por cierto funcional al capital financiero. Es un proceso estructural de respuestas que surgen de las poblaciones ante el desastre del modelo económico, político y social”.

“El desafío que tenemos”, sostuvo, “la dialéctica que debemos enfrentar ya no es entre las derechas y las izquierdas, se ha desdibujado la izquierda desde Lagos y sus negocios, el desafío es entre humanismo y anti-humanismo, en el sentido más amplio de estas dos palabras. Hoy el anti-humanismo se expresa en todos los campos y en todas las latitudes. La respuesta requiere cambios estructurales a nivel social, económico y político, requiere que el mundo del progresismo tome una total distancia del mundo del dinero y la corrupción. No tenemos que rendirle cuentas al poder financiero. Tenemos que dar respuestas a las necesidades reales de la gente. Respuestas al derecho a la salud, a la educación, vivienda, pensiones y medio ambiente. Sobretodo al derecho a la salud y la educación. Finalmente, los humanistas tenemos que reconstruir el tejido social, ponernos al lado de los movimientos sociales, sin instrumentalizarlos, acompañar sus luchas, establecer vínculos, ponernos al servicio de las distintas causas que los movimientos sociales enarbolan, para llevar también al campo político sus demandas. Y no dejar de encaran el cambio cultural, el cambio de creencias y la transformación personal que este proceso requiere. Sin esa transformación cultural, no es posible avizorar la salida de esta crisis”, concluyó.

Fotos: Hernán Gacitúa